10 de noviembre de 2025

Cuando hablamos de salud íntima femenina, hay temas que muchas veces se evitan, ya sea por pena, desinformación o simplemente porque algunas mujeres creen que no les va a pasar a ellas. Sin embargo, uno de estos temas es el cistocele o “vejiga caída”, una condición bastante común en mujeres que han atravesado embarazos, partos vaginales o la menopausia.
En este artículo te contaremos qué es, por qué ocurre, qué señales hay que tomar en cuenta y qué hábitos pueden ayudarte a prevenirlo o, en caso de que ya vivas con esta condición, qué puedes hacer para manejarlo mejor en tu día a día, así que agarra lápiz y papel, y toma nota.
Empecemos por lo básico. El cistocele es el prolapso de la vejiga, la cual ocurre cuando parte del soporte natural que le dan los músculos y tejidos del piso pélvico se debilita, provocando que descienda y ejerza presión hacia la vagina, por eso muchas personas lo conocen como “vejiga caída”.
En palabras más sencillas, la vagina y la vejiga están muy cerca y dependen del mismo sistema de sostén. Cuando estos músculos se debilitan por diferentes factores, como embarazos, partos vaginales, menopausia o levantar peso de forma frecuente, la vejiga comienza a inclinarse hacia la pared vaginal, es decir, provoca un abultamiento que puede ser leve o moderado y apenas notarse, o sobresalir un poco fuera de la abertura vaginal, en los casos más avanzados.
Pero no te asustes, el cistocele es tratable y, en muchos casos, se puede mejorar con hábitos adecuados y atención médica.
Los síntomas del cistocele varían en intensidad, pero una de las primeras manifestaciones es una sensación de presión o peso en la pelvis o dentro de la vagina; de hecho, muchas mujeres describen esta sensación como si algo estuviera “bajando” o incluso “saliéndose”, especialmente después de estar mucho tiempo de pie o al final del día.
Al respecto, también es común que algunas mujeres presenten molestias durante actividades físicas como ejercitarse o correr, incomodidad al mover objetos pesados o una especie de tirón interno al realizar sus actividades diarias.
Asimismo, otro síntoma frecuente es la alteración en la forma de orinar, por ejemplo, que les cueste comenzar a orinar o que la vejiga no se vacíe completamente, lo que provoca ir al baño más veces de lo normal. En otros casos, el prolapso también puede derivar en pérdidas de orina al toser, reír, estornudar o hacer algún esfuerzo, síntoma que se puede “normalizar” u omitir.
Como ya mencionamos, el piso pélvico es el encargado de sostener órganos como la vejiga, el útero y el recto; cuando este soporte se estira, se debilita o se daña, deja de funcionar como debería, y eso hace que la vejiga empiece a inclinarse hacia la vagina porque ya no tiene la fuerza necesaria que la mantenga en su lugar. Por eso el embarazo y el parto vaginal son de las causas más comunes del cistocele, ya que ambos tensan los músculos del piso pélvico y, con el tiempo, pueden debilitarlos.
Por otro lado, con la llegada de la menopausia, los niveles de estrógenos disminuyen, lo que afecta la elasticidad y resistencia de los tejidos vaginales y de soporte. A esto se le suma que muchas personas realizan esfuerzos al levantar objetos pesados de manera constante o sin técnica adecuada, haciendo que la presión abdominal repetida impacte directamente en el piso pélvico.
Finalmente, existen factores crónicos como sobrepeso, tos o estreñimiento que ejercen presión permanente sobre los órganos, y como resultado, terminan debilitando aún más los músculos de esta zona.
Evidentemente, cuando la vejiga cambia de lugar, altera la forma en que almacena y libera la orina. Esto genera diferentes dificultades urinarias, tales como la pérdida de orina, que puede manifestarse como pequeñas gotitas durante el día o con fugas más notorias al realizar esfuerzos simples, como toser, reír o estornudar.
Por otro lado, también trae consigo la sensación de que la vejiga nunca se vacía por completo, lo que, además de causar ganas constantes de ir al baño, aumenta el riesgo de infecciones urinarias, ya que la orina retenida puede favorecer la proliferación de bacterias.
Finalmente, puede aparecer urgencia urinaria, esa sensación repentina de “tengo que ir al baño ya”, además de que algunas mujeres notan que el chorro de orina se vuelve más débil o intermitente debido a la alteración estructural del tracto urinario, afectando sus jornadas laborales o su forma de relacionarse con su pareja o amigos.
Comencemos diciendo que no existe un tratamiento mágico, sino que este depende del grado del prolapso y de cómo te afecta en tu rutina. En los casos más leves, una de las estrategias más útiles es fortalecer el piso pélvico mediante ejercicios como los Kegel, que ayudan a devolver firmeza a los músculos encargados de sostener la vejiga, y que son accesibles de realizar incluso desde casa.
No obstante, cuando la debilidad muscular es más marcada, la fisioterapia especializada puede enseñar técnicas personalizadas para activar correctamente los músculos pélvicos y recuperar su funcionalidad. Asimismo, en algunas situaciones se recomienda el uso de un pesario, es decir, un pequeño dispositivo de silicona que se coloca dentro de la vagina para sostener la vejiga y reducir la presión hacia abajo.
Por otro lado, para mujeres en etapa posmenopáusica, la terapia hormonal local puede mejorar la calidad del tejido vaginal, haciéndolo más resistente y flexible. Y ya en casos moderados o severos donde el prolapso interfiere de forma significativa con la calidad de vida, puede ser necesaria una cirugía para reparar o reforzar la estructura vaginal.
Aun así, como cada cuerpo es distinto, siempre es importante una valoración médica para determinar la opción más adecuada según las necesidades de cada persona.
Si bien no siempre es posible evitar que un cistocele aparezca, sí existen hábitos que pueden fortalecer tu piso pélvico y ayudar tanto a prevenir como a mejorar la condición. A continuación, te compartimos nuestras recomendaciones:
Como lo mencionamos antes, fortalecer el suelo pélvico es una de las medidas más efectivas para prevenir un cistocele o para mejorar la estabilidad en casos leves. Los ejercicios de Kegel consisten en contraer y relajar los músculos que utilizas para detener el flujo de orina, lo que ayuda a tonificarlos sin necesidad de equipo especial.
Para realizarlos correctamente, sólo necesitas contraer los músculos que utilizas al orinar de 3 a 5 segundos, relajarlos y repetir el ciclo de manera constante al menos 3 veces al día. La clave está en asegurarte de que estás activando los músculos adecuados, es decir, la zona baja del abdomen; y no es necesario que los realices mientras orinas, puedes hacerlos mientras estás acostada o sentada.
Sabemos que eso de “mantén un peso adecuado” lo escuchas todo el tiempo, pero en verdad es fundamental. El exceso de peso ejerce presión constante sobre los órganos del piso pélvico, y cuando el cuerpo carga más de lo que puede sostener, los músculos terminan trabajando de más y se debilitan más rápido. Por eso, al cuidar tu peso con una alimentación equilibrada y actividad física regular, reduces la presión abdominal y ayudas a que la vejiga, y el resto de los órganos, se mantengan en su posición natural.
Cuando necesitas hacer demasiada fuerza para evacuar, el piso pélvico sufre una tensión constante que lo va debilitando. Para evitarlo, es recomendable mantener una alimentación rica en fibra, hidratarte adecuadamente y permitir que tu cuerpo siga su ritmo natural sin posponer las ganas de ir al baño. Incluso la postura al evacuar influye, por eso es recomendable elevar ligeramente los pies para ayudar a que todo el proceso sea más fácil y natural.
Muchos prolapsos se agravan por esfuerzos cotidianos que podríamos evitar o hacer de manera más adecuada, por ejemplo, levantar objetos pesados, empujar muebles o hacer ejercicios sin una técnica correcta. Por eso, intenta exhalar cuando haces un esfuerzo, pide ayuda para mover cosas pesadas o asegúrate de que usas la técnica correcta al ejercitarte para reducir significativamente el riesgo de daño pélvico. La idea no es dejar de hacer cosas, sino aprender a hacerlas sin poner en riesgo tu cuerpo.
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Lo importante es que sepas que, aunque estos productos no solucionan el cistocele, sí te brindan la tranquilidad necesaria mientras fortaleces tu piso pélvico o sigues el tratamiento recomendado por el especialista.