17 de Noviembre de 2020

Envejecimiento y cambios importantes en la salud.

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Los cambios en la vejez no son lineales ni uniformes, y su vinculación con la edad de una persona en años es más bien relativa; si bien, algunos adultos mayores disfrutan de una excelente salud y se desenvuelven perfectamente, otros son frágiles y necesitan ayuda considerable. Los cambios en la vejez, también pueden estar asociados a la jubilación, cambio de hogar, muerte de personas cercanas y entre otros muchos factores, que pueden generar diferentes tipos de estrés o depresión.

Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores son genéticas, los entornos físicos también tienen una influencia importante en el establecimiento y mantenimiento de hábitos saludables y que deben ser importantes, como llevar una dieta equilibrada, realizar una actividad física periódica y abstenerse de fumar contribuye a reducir el riesgo de padecer enfermedades no transmisibles y a mejorar física y mentalmente.

En cuanto a la masa muscular, esta tiende a disminuir con la edad, lo que puede estar asociado con el deterioro de la fuerza y la función musculoesquelética, las mujeres suelen tener menos fuerza de prensión que los hombres, y en ambos sexos la fuerza disminuye con la edad. El envejecimiento también se asocia con cambios importantes en los huesos y las articulaciones; ya que, con la edad la densidad ósea tiende a disminuir, especialmente en las mujeres que padecieron menopausia, este tipo de problemas pueden comenzar a aumentar considerablemente, provocando la osteoporosis, lo que tiene graves consecuencias; por ejemplo: discapacidad, peor calidad de vida y mortalidad.

Conforme la edad va avanzando, el riesgo de sufrir una fractura ósea es muy común, ya que las caídas o golpes se presentan de manera regular y más seguido de lo habitual, en consecuencia a la pérdida de la visión, movilidad o pérdida del equilibrio. Las vértebras también se pueden ver afectadas, especialmente por la formación de curvaturas, esta es la misma razón por la que los adultos mayores pierden estatura.

Está demostrado que la actividad física moderada y habitual mejora las propiedades biomecánicas y biológicas del cartílago articular, siendo este y otros cambios relacionados con la edad, los que afectan en la función musculoesquelética general y el movimiento, causando una disminución de la velocidad de la marcha, es decir, del tiempo que le toma a la persona andar una distancia determinada.

Es muy común asociar la vejez con otros padecimientos, como la pérdida de visión y audición; también se puede padecer hipoacusia, un padecimiento que, si no se recibe la atención necesaria, afecta la comunicación y puede contribuir al aislamiento social y la pérdida de autonomía, acompañados por ansiedad, depresión y deterioro cognitivo. Es frecuente que las personas con audición normal no entiendan la magnitud del impacto de la pérdida auditiva considerable en la vida de una persona y equiparen la dificultad para comprender el habla con deficiencia intelectual, lo que a menudo provoca que la persona mayor se retraiga más, para no ser etiquetada como “lenta” o “mentalmente deficiente”.

Mientras, las deficiencias visuales pueden limitar la movilidad, afectar las interacciones interpersonales, desencadenar la depresión, convertirse en un obstáculo para acceder a información y a los medios sociales, aumentar el riesgo de caídas y accidentes y hacer que sea peligroso conducir. El diagnóstico oportuno, la atención y rehabilitación integral, en conjunto con los cambios en el entorno, tales como mejorar la iluminación y la señalización (por ejemplo, con carteles en alto contraste, con fondos mate y a nivel de los ojos) también pueden ayudar. Las tecnologías de apoyo, como los dispositivos auditivos y los lentes refractivos, también se utilizan mucho y resultan eficaces.

Algunas enfermedades crónicas principales de los adultos mayores, se deben por la aparición de varios estados de salud complejos que suelen presentarse sólo en las últimas etapas de la vida y que no se enmarcan en categorías de morbilidad específicas. Esos estados de salud se denominan normalmente síndromes geriátricos, estos parecen predecir mejor la muerte que la presencia o el número de enfermedades específicas. Ahora bien, a excepción de los países que han desarrollado la geriatría como disciplina médica, con frecuencia se dejan de lado en los servicios de salud de estructura tradicional y en la investigación epidemiológica.

Las dificultades de movilidad, funcionalidad básica e instrumental son más frecuentes en las mujeres y se incrementan con la edad, lo que las hace más vulnerables. Las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, los trastornos cognitivos y la depresión también tienen efectos sobre el funcionamiento físico; en lo que se refiere a las disfunciones sensoriales, tres de cada diez personas adultas mayores manifiestan haber sido diagnosticadas con cataratas, pero de ellos sólo la mitad han sido operadas.

La proporción de adultos mayores con desnutrición aumenta con la edad, lo cual habla de la aparición de síndromes geriátricos de alta complejidad que requieren atención especializada. La nutrición adecuada es fundamental para mantener un buen estado funcional y cobra especial importancia en las personas adultas mayores que superan los 80 años. En las personas de edad más avanzada, las reservas corporales de grasa y músculo se modifican sustancialmente y requieren, por lo tanto, una interpretación del índice de masa corporal desde la perspectiva particular del individuo mayor, sus riesgos y comorbilidades.

Las condiciones crónicas reportadas más frecuentes son: la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar, la artritis y la osteoporosis. Las seis condiciones crónicas con una prevalencia mayor al 10% son: hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar, artritis y osteoporosis. Las tres primeras condiciones son consideradas como factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, principal causa de muerte en adultos mayores.

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