La historia de Susana
Me avergonzaba mucho hablar con mi marido sobre mi incontinencia urinaria. Con el tiempo, conseguí ver las cosas de otro modo.
"Soy maestra de primaria en activo y madre de dos niños pequeños, por lo que no descanso un minuto desde la mañana a la noche. Di a luz a mis hijos con aproximadamente un año de diferencia y todo iba bien. Sin embargo, tras el segundo parto, empecé a tener pérdidas de orina y me asustaba que pudiera suceder durante mis relaciones sexuales.
Durante el verano, llevé a algunos de mis alumnos a un campamento para estudiantes sanos y con discapacidad. Una de mis compañeras de trabajo, Belén, era una chica de 23 años vital, guapa, agradable... y parapléjica. Un día, mientras conversábamos, mencionó que su prometido iría a verla para pasar un fin de semana romántico.
Me confesó que estaba deseando hacer el amor, lo cual me sorprendió porque sabía que Belén tenía incontinencia urinaria. No tenía sensibilidad en las piernas y sufría “episodios” de pérdidas con frecuencia.
El resto de la conversación me hizo sentir bastante insignificante. Belén siguió diciendo que ella y su novio solían hacer el amor en la ducha. Comentó que se lo había recomendado su médico para superar la vergüenza. “Estábamos tan enamorados y nos atraíamos tanto que encontramos el modo de tener relaciones.” Reconoció que al principio resultaba incómodo hablar sobre el tema, pero que ahora lo hacían con total naturalidad. Admitió que no podría casarse con él si no se sintiera relajada.
Tras hablar con ella, fui a ver a mi médico, quien me explicó que mi situación era común, pero que era poco probable que tuviera pérdidas de orina durante las relaciones sexuales. Me aclaró que el caso de mi amiga se relacionaba más con su parálisis que con su vejiga. Me dio un programa de ejercicios y me recomendó utilizar protección para la incontinencia. Realicé los ejercicios con total constancia y los resultados aparecieron a los 3 meses. Ahora, cuando levanto algún peso o me río a carcajadas, sé que los productos para pérdidas ligeras proporcionan una total absorción.
Mi marido se sintió aliviado al saber que mi falta de interés por el sexo se debía a la incontinencia y no a que hubiese dejado de atraerme. Ahora nuestra vida sexual ha mejorado gracias al control de mis músculos del suelo pélvico. Mi marido y yo disfrutamos especialmente "practicando" los ejercicios de contracción."