Sugerencias de otros cuidadores

Cuidar de un amigo o familiar implica una serie de cambios en tu vida que a veces se acompañan de emociones que nunca habías sentido antes. Muchos cuidadores consideran que su tarea es responsabilidad suya exclusivamente y de nadie más. Quizás les resulte incómodo pedir ayuda porque crean que nadie pueda hacerlo mejor o es posible que la persona afectada sólo acepte la atención de sus allegados. Cada situación es diferente, pero muchas personas encuentran que sus sentimientos pueden estar entre el amor y la satisfacción por cuidar a un ser querido y el resentimiento por el impacto que causa en sus vidas. Esto puede dar lugar a sentimientos de culpa, estrés, irritabilidad y agotamiento. Es importante reconocer y expresar estas emociones con alguien de confianza o en un grupo de apoyo.

No pasa nada por pedir ayuda

Los amigos y la familia son una gran fuente de ayuda y apoyo, así que no debes pensar que les molestará echar una mano. Es muy probable que te admiren por lo que haces y les gustará poder aportar algo a tu labor. Pedir ayuda no significa ser débil; puede que incluso con ello consigas el tiempo que necesitas dedicarte a ti para poder mejorar como cuidador.

Pide a tus familiares que se comprometan con algunas tareas de la casa o que te ayuden en momentos puntuales de la semana. Una ocasión perfecta para pedir ayuda puede ser durante una reunión familiar, ya que muchos se animarán al ver a otros dispuestos también a ayudar. Elabora una lista de turnos para confirmar las promesas de todos y propón la ayuda en parejas si no se sienten capaces de realizar el trabajo en solitario.

Acepta la ayuda de los amigos. Si no puedes ir de compras y ellos sí, no les importará en absoluto que les encargues algunas cosas. Pueden echarte una mano incluso en las tareas menos frecuentes de la casa como, por ejemplo, cortar el césped. Recuerda, no todos los amigos te ayudarán directamente con las tareas del cuidado, pero cualquier aportación puede suponer un tiempo muy valioso para darte un respiro.

Comparte los altibajos

Todos sabemos que existen altibajos cuando cuidamos de alguien con incontinencia. Hay momentos de dificultades, de humor y otras veces en las que te das cuenta de que ofrecer el mejor cuidado posible es un privilegio enormemente gratificante. Compartir estos sentimientos ayudará y animará a otras personas que se encuentren en la misma situación, al mismo tiempo que te permitirá mantener una sensación de equilibrio. Organiza reuniones semanales o mensuales con amigos y familiares que te ayuden en tu labor. Si compartes las experiencias positivas y negativas, crearás una sólida red de ayuda donde podrás desahogarte en un ambiente de comprensión.

Canaliza el enfado y la frustración

La persona atendida puede sentirse angustiada y descargar su frustración en el cuidador. Si es así, intenta recordar que ellos no han elegido ser dependientes de ti. Se han visto obligados por las circunstancias y pueden deprimirse. Intenta dirigir tu enfado a las circunstancias médicas en lugar de a la persona que está intentando sobrellevarlas. A veces una tercera persona puede ayudar a disminuir la tensión y compartir la carga.

Escribe tus sentimientos

Una de las terapias más antiguas y eficaces para afrontar los altibajos consiste en escribir lo que se siente. Quizás por ello, escribir un diario es una práctica tan antigua. Vale, después de un largo día de trabajo, es posible que el cansancio sea demasiado grande para escribir una novela. Sin embargo, intenta escribir una lista de aspectos positivos y negativos una vez por semana. Observa lo positivo y piensa cómo puedes aplicarlo y basarte en eso la semana siguiente. Respecto a los aspectos negativos, piensa cómo puedes reducirlos al mínimo.

Tu salud es lo primero

No hay duda de que un buen cuidador debe estar en forma. Reconoce cuando no te encuentres bien y toma medidas para conservarte en un buen estado de salud. Es fácil descuidar la alimentación cuando se está al cuidado de alguien, el tiempo pasa volando y las comidas se hacen a toda prisa. Intenta no saltarte ninguna comida importante. Tendrás más energía y te sentirás mucho mejor.

Un respiro marca la diferencia

Si la situación te sobrepasa, no te limites a echarte la culpa. Tómate tu tiempo para encajar las nuevas responsabilidades y piensa distintas formas de hacer las cosas. En particular, un respiro de vez en cuando resulta fundamental. Date una palmadita en la espalda por hacer un excelente trabajo y, lo más importante, tómate un descanso de vez en cuando porque te lo mereces.

Un poco de aire fresco

Suena como si fuera algo que dijeran nuestros abuelos, pero no hay nada como respirar un poco de aire fresco (si el tiempo lo permite). Incluso un paseo de 5 minutos dando la vuelta a la manzana puede levantar el ánimo y hacer que veas las cosas de otro modo. Intenta pasar algún tiempo al aire libre durante el día para reforzar el ánimo (y tus niveles de vitamina D). Y recuerda que esto también beneficia a la persona atendida, por lo que si es posible que salga de vez en cuando, motívala a eso.

Mímate

Intenta darte algún capricho cada día. Todas las mañanas, elije un momento del día para darte un poco de mimo (algo que te apetezca mucho). Puede ser saborear esa galleta de chocolate a las tres de la tarde, un vasito de vino al final del día o un buen baño caliente. Sea lo que sea, planéalo, no te lo saltes y disfruta.

Celebra lo que haces

Trabajas tanto que, ¿cuándo tienes tiempo de pensar en todo el bien que haces? La comodidad, los cuidados, el respeto hacia la persona que cuidas... Es muy fácil sumergirse en la rutina y olvidar todo lo demás. Intenta recordar que debes sentirte orgulloso por tu labor; los cuidadores son un colectivo especial y fundamental en el mantenimiento de la estructura social. En ocasiones tú, tu familia y tus amigos deben recordar esto.

Busca asesoramiento de organizaciones profesionales

Es posible que en tu zona encuentres centros de día para adultos u organizaciones de asistencia médica. Si es así, podrás tomarte un respiro durante algunas horas y dejar en buenas manos a la persona que cuides. Otra ventaja es que la persona afectada tendrá la posibilidad de conocer a otros pacientes. Muchas de estas organizaciones ofrecen servicio de transporte, organizan actividades en grupo como excursiones de un día y preparan comidas ligeras. Puede que incluso proporcionen un servicio de comidas a domicilio para las personas que no puedan salir de casa.

Entre otros servicios útiles se incluyen farmacias que entregan gratis los productos a domicilio y algunos colegios, universidades o grupos juveniles que cuentan con iniciativas para estudiantes/miembros. Si estos colectivos pretenden realizar una labor de servicio a la comunidad, puede que recibas su ayuda.

En la mayoría de las zonas, cuidadores profesionales pueden acudir a tu domicilio para llevar a cabo los cuidados. Podrás sacar tiempo para ti o para quedar con tus amigos. Si deseas tomarte un descanso más largo, puedes informarte sobre algún centro que ofrezca estancias cortas.

En la sección de enlaces de interés podrás encontrar organizaciones, o bien, consulta con los servicios de salud locales de tu zona. Infórmate de los recursos que tienes cerca.

Conoce a otros cuidadores

Busca un grupo de ayuda cercano para relacionarte con otros cuidadores. Compartir experiencias con personas que se encuentran en la misma situación te dará seguridad y podrás recibir consejos y sugerencias de gran utilidad.

Ayudas sociales

Es posible que tengas derecho a percibir alguna ayuda económica por parte del servicio de salud. Consulta con tu médico de cabecera sobre productos financiados por la Seguridad Social. Si es así, ponte en contacto con tu centro de salud.

Sigue aprendiendo

Estar al día con nuevas ideas, productos y técnicas no sólo te garantiza que sigues eligiendo lo mejor para ti y para la persona que cuidas. También te mantiene en contacto con todo el colectivo de cuidadores. Siempre que podamos, publicaremos información importante en el corcho.