La historia de Sofía
Sólo después de que mi madre sufriera una caída descubrí que había estado ocultando su incontinencia urinaria durante años. Ya no es ningún secreto y ella se siente aliviada de poder recibir por fin la ayuda que se merece...
Sólo después de que mi madre sufrió una caída, descubrí que había estado ocultando su incontinencia urinaria durante años. Ya no es ningún secreto y ella se siente aliviada de poder recibir por fin la ayuda que se merece...
Mi madre es una mujer activa y muy independiente. Cumplidos los 50, era una mujer muy popular en su círculo social y le encantaba consentir a sus nietos. Su carácter y sentido del humor los entretenía durante horas, todo el mundo quería a la ‘abuelita’. Cuando esta maravillosa forma de ser comenzó a desvanecerse, no entendíamos por qué.
Sus visitas eran cada vez más cortas y esporádicas. Incluso por teléfono, solía cambiar de tema si le invitaba a salir, parecía mucho menos sociable e incluso mostraba un malhumor que no iba con ella. Empecé a preocuparme realmente y estos cambios de comportamiento por parte de mi madre comenzaron a molestarme.
Aunque mi padre ya había fallecido ocho años antes de forma temprana, mi hermano y yo pensamos que esto podría ser el motivo de este cambio repentino. Cuando le propuse ir a ver a un médico para pedir consejo para superar la pérdida de un familiar, se rió y me dijo que sólo “molestaría” al médico con temas “importantes” y que estábamos siendo tontos. Obviamente comencé a preocuparme de verdad por si había algún otro problema más grave que no nos quisiera contar.
Mi madre no es una persona tímida ni débil y ni mucho menos estúpida. Su insistencia en que no pasaba nada hacía que cada ofrecimiento de ayuda por mi parte resultara más difícil. Después de un tiempo sentí que mis esfuerzos se consideraban “molestos” y llegué a sentirme muy frustrada.
Un día llamaron del hospital para decirme que mi madre se había resbalado en un escalón y se había roto una pierna. Se encontraba bien y en unos días podía volver a casa, pero necesitaba hacer reposo en cama. Decidimos que viniera a casa hasta que pudiera caminar.
Mi madre me pidió que le llevara algunas cosas de casa, como ropa y productos de aseo, pero también necesitaba compresas. Cuando lo pensé dos veces esto me llamó la atención porque sabía que ella ya había pasado la menopausia. Mi madre se ruborizó bastante y me explicó que tenía ‘pérdidas de orina de vez en cuando’ y que necesitaba algo para ‘protegerse’. Le pregunté si eso tenía algo que ver con visitarnos tan poco y reconoció que así era. Se sorprendió cuando me vio sonreír aliviada. Le conté que al igual que les pasa a muchas mujeres que habían tenido hijos, yo también tuve esas pérdidas cuando tosía o levantaba algún peso. Ella había tenido tres hijos y curiosamente nunca había experimentado pérdidas. Le comenté que estaría mucho mejor utilizando absorbentes adecuados para la incontinencia y que le ayudarían a sentirse mucho más segura porque incluso evitaban el olor.
La preocupación dejó de reflejarse en el rostro de mi madre; creo que fue un enorme alivio saber que alguien tan joven como yo, con 35 años, también había tenido incontinencia urinaria y que no había sido algo tan molesto. Ahora reconoce que tenía que haberlo comentado con el médico, o incluso conmigo, en el momento en que sucedió por primera vez y así no habría tenido que malgastar meses de preocupaciones innecesarias para ambas. Si sospechas que alguien cercano pueda tener un problema similar, intenta comentarle tu propia experiencia o la de algún conocido para ver si obtienes respuesta.